Episodio2: Hice network y lo hice mal (y quizás no soy el único)

Odio hacer network. Y en el fondo, creo que no soy el único. Las veces que fui a un evento, mi "network" se reducía a dos cosas: mi celular y la mesa del coffee break… Hasta que un almuerzo de oficina me enseñó, a las malas, lo que estaba haciendo mal.

Después del café con mi mentor me quedó dando vueltas una idea: si las decisiones no se ganan solo en la reunión, entonces se cocinan antes, afuera, en los pasillos, en los almuerzos, en esas conversaciones sueltas donde Cristian siempre anda metido. Y yo, que me voy apenas termino mi chamba, y que además evito la oficina como quien evita a su ex en un edificio compartido, jaja, nunca estoy ahí.

Conclusión: tenía que hacer network. Y aquí viene mi problema número dos.

Odio hacer network. Siempre me pareció medio falso: acercarte a alguien con una sonrisa de más para, en el fondo, sacarle algo. «Hola, qué tal, cuánto tiempo… oye, casualmente, ¿no conocerás a alguien en tal área?». Me daba roche solo de imaginarlo. Es más: las veces que fui a un evento, mi «network» se reducía a hacerme pata de dos cosas: mi celular y la mesa del coffee break. Y algo me dice que no soy el único. A los peruanos nos da un roche particular eso de acercarnos a conocer gente: o no sabemos qué decir, o nunca lo ponemos en la agenda, o seamos honestos, preferimos mil veces quedarnos en casa viendo una serie antes que ir a un evento de la empresa.

Así que cuando salió el almuerzo de áreas, esos donde juntan a gente de Finanzas, Comercial, Marketing y Operaciones «para integrarnos», dije: es hoy. Hoy hago network como los grandes.

Craso error prepararme como para un examen.

Llegué al menú de la esquina con tres frases ensayadas en la cabeza y una misión clarísima: conectar con Rodrigo, de Comercial, que según sabía tenía llegada al gerente que yo quería impresionar. Todo el almuerzo lo pasé maniobrando para sentarme cerca de él. Cuando por fin lo logré, solté mi mejor imitación de Cristian: manos, pausas, sonrisa, «qué buena esa campaña que lanzaron el mes pasado».

Rodrigo, amable, me siguió la conversa. Y yo, en vez de dejar que fluyera, fui directo al grano como quien cobra una factura vencida:

Oye, y hablando de eso… ¿tú no me podrías presentar al gerente Vásquez? Es que tengo unas ideas que quiero mostrarle.

Silencio. De esos que duran medio segundo pero se sienten un año.

Rodrigo sonrió, dijo «claro, cualquier cosa te aviso». El «cualquier cosa te aviso» universal que significa nunca y giró a hablar con la María de Marketing sobre el partido del domingo. Del que yo no tenía nada que aportar, porque había pasado toda la comida calculando cómo caerle bien en lugar de, simplemente, estar ahí.

Me quedé masticando mi seco y mi orgullo en partes iguales.

Esa tarde volví al café. Mi mentor ya me esperaba con esa media sonrisa que a esta altura me da entre paz y bronca. Le conté. Se rió, se rió, el desgraciado, y me dijo:

Martín, tú trabajas en finanzas. Explícame algo: ¿qué pasa si abres una cuenta hoy y quieres retirar plata de inmediato?

Que no hay nada que retirar dije.

Exacto. El network es igual. Es una cuenta. Y tú fuiste a retirar el primer día, sin haber depositado nunca. Rodrigo no te dijo que no. Te dijo «todavía no te conozco lo suficiente para prestarte mi nombre».

Me quedé callado. Otra vez.

El que solo aparece cuando necesita algo, se nota, remató. Aporta primero. Interésate de verdad, sin agenda. Ayuda sin llevar la cuenta. Y el día que necesites algo, no vas a tener que pedirlo… te lo van a ofrecer.

Salí pensando en todas las veces que fui «el que solo aparece cuando necesita». Fueron varias. Me dio un poco de vergüenza.

Pero también me dio una idea. Porque si el network es una cuenta… quizás ya era hora de empezar a depositar.

Pero eso es la próxima semana.

Martín

Si te perdiste el episodio 1. Está aquí.

Contáctame

Si tienes una idea, marca o equipo que necesita acompañamiento, escríbeme. Estaré encantado de conocer tu proyecto y ayudarte a llevarlo al siguiente nivel.