Hay una conversación que se repite en mis mentorías, y la voz que la acompaña suele ser de temor, ansiedad y, algunas veces, desesperación. Suena así: «Alfredo, tengo 40 años y me di cuenta de que nunca tuve un plan. Trabajé, cumplí, avancé… pero nunca me senté a decidir hacia dónde iba. Y ahora siento que se me hizo tarde.»
Si eso te resuena, quiero decirte dos cosas. La primera: no eres el único, ni de lejos. La segunda: no es tarde. Pero sigue leyendo, porque hay un matiz que puede ayudarte.
Casi nadie llega a los 40 sin un plan por vago. Llega por lo contrario: por trabajador. Te pasaste los 20 y los 30 ejecutando, respondiendo, siendo el confiable, el que saca la chamba. Diste el 100% cada día… en el trabajo de otros, en las metas de otros, en la agenda de otros. Y asumiste, sin darte cuenta, que el plan iba a aparecer solo. Que la empresa te lo iba a dibujar. Que un buen jefe te lo iba a marcar. Que con hacer bien tu trabajo, bastaba.
Y déjame decirte algo: muchas empresas en Perú y Latam tienen un plan de desarrollo para ti… hasta que llegas a jefe. Después no hay más, o las probabilidades disminuyen. Ahí, como dice la frase, lo bailas con tu propio pañuelo. Y creo firmemente que nuestro modelo educativo tampoco ayuda, porque te enseña a ser empleado y no empleable. Pero de ese tema hablaré otro día.
Y aquí está el matiz que te prometí. Cumplir 40 sin un plan no es una sentencia; es un despertar. Y déjame ponerme romántico con una frase que encontré en TikTok: «si crees que ya no eres joven, justamente hoy eres lo más joven que volverás a ser. Punto.» Con esa juventud llegas a esta esquina con cosas que a los 25 no tenías: te conoces, sabes en qué eres bueno y en qué no, tienes experiencia real, una red de contactos (si la tienes; lo que quizás no tienes es estrategia), cierta estabilidad, criterio. No estás empezando de cero. Estás empezando desde un campamento base altísimo, solo que nunca miraste el mapa.
Los 40 son el mejor momento para, por fin, elegir la dirección con los ojos abiertos y con más criterio. No como un enamorado adolescente, sino con algunas cicatrices encima, con uno o dos «divorcios» profesionales en el cuerpo. A esta altura ya sabes qué sí y qué no.
Pero para eso tienes que soltar una mochila que pesa mucho: la culpa. El «debí empezar antes», el «cuánto tiempo perdí». Esa historia se siente como responsabilidad, pero en realidad es una trampa: te tiene mirando hacia atrás, gastando en lamento la energía que necesitas para caminar hacia adelante.
Hacerte cargo, una de mis frases preferidas, tanto que tengo una comunidad con ese nombre, no es castigarte por lo que no hiciste. Es tomar las riendas de lo que sí puedes hacer desde hoy. La única pregunta útil no es «¿por qué no empecé antes?», sino «¿qué voy a hacer en el próximo año de mi vida profesional, y qué me va a permitir eso para el año siguiente?».
Un plan, en el fondo, son tres claridades:
- Dónde quieres estar (o mejor, quién quieres llegar a ser)
- Qué distancia hay entre ese lugar y donde estás hoy, y
- Cuál es el siguiente paso concreto. Nada más.
Lo interesante es que casi todos empezamos al revés: por las tácticas. «¿Hago un MBA?», «¿me cambio de empresa?», «¿aprendo tal herramienta?». Preguntas válidas, pero prematuras. Primero el destino, después el vehículo. Sin destino, cualquier curso o cualquier salto es solo movimiento que se siente como avance.
Te dejo una idea incómoda: si tú no decides tu desarrollo, alguien lo decide por ti. Tu empresa, según lo que le convenga. Las circunstancias, según lo que caiga. El azar. Y a los 50 no querrás estar teniendo esta misma conversación, con diez años más de «ocupado» encima.
Así que no, no llegaste tarde. Llegaste justo a tiempo para dejar de improvisar tu carrera. Los próximos años pueden ser los mejores de tu vida profesional, pero eso no pasa solo. Pasa cuando decides que va a pasar, y te haces cargo.
Si sientes que este es tu momento de sentarte, por fin, a dibujar ese plan, y de hacerlo acompañado, no a ciega, es justamente lo que hago en mis procesos de mentoría: ayudar a profesionales a pasar de «estoy ocupado» a «sé hacia dónde voy». Escríbeme o conoce en qué consiste aquí. La conversación que ordena los próximos años suele empezar en la primera hora.
Solo tenemos una vida profesional. Que sea extraordinaria.
Alfredo Alfaro