NO HABLEMOS POR ELLOS

Entiendo que no importa la edad que tengamos, cuando vayamos al médico siempre nuestra mamá hablara más que nosotros, pero en el mundo laboral nuestros padres no estarán en la entrevista, en la evaluación de desempeño o presentando nuestros proyectos. En tal sentido,  mientras más rápido visualicemos ese escenario empezaremos a construir puentes saludables entre los hogares, sociedad y empresas

Pareciera que vivimos una guerra fría entre los padres de familia y el WhatsApp de las Mamás  y  Papás del colegio se ha convertido en el campo de batalla e inquisición para profesores y otros padres,  dónde los chats han sido una de los textos más terroríficos y graciosos que he leído en los últimos tiempos, unido a comentarios que se pueden dar en cualquier hogar: “Carlos, no olvides que tenemos tarea de ciencias”, “Patricia, ¿Cómo nos fue en el examen de inglés?”, “Mi Lucas ya sabe las capitales de América, y procede a preguntarle desde Bolivia hasta Canadá, desatando las miradas de las otras madres con cautela y cierta envidia en la fiesta en el local de moda”. Algunas veces lo que saben hacer nuestros hijos es símbolo de logro, proyección y cumplimiento de nuestras metas y que tan “buenos” padres somos y podemos ser, pero existe un límite entre ayudarlo y hacerse responsable, entre darle las mejores armas para la vida y pelear las batallas por él, entre la perfección y lo óptimo.  Todo tiene que ser perfecto: el colegio, los amigos, los dientes, el viaje de vacaciones, y el cumpleaños tiene que tener el mago, los juegos, y la temática de moda.  ¿Cuándo todo cambio?, ¿Cuál es la esencia e identidad original del niño y adolescente que se está respetando y potenciando?, hasta qué puntos mis taras, temores y metas no alcanzados por mis decisiones y oportunidades que no tuve las estoy trasladando a los pequeños  y de forma responsable si alterar e influenciar sus verdaderas motivaciones e intereses.

SOBREPROTECCIÓN

Padres sobreprotectores y “psicólogos y coach mercenarios” es la “combinación perfecta” en estos tiempos. Existen varios ensayos y llamadas de atención sobre este tema en países que ya vivieron un crecimiento como el que nosotros estamos viviendo, en la que los niños y padres quedan vulnerables frente a la combinación perfecta que les resulta fácil encontrar cualquier déficit de atención digno de un tratamiento muy costoso. Es duro y chocante lo que escribo y abierto a muchas críticas,  pero creo que los diagnósticos deben ser muy cuidadosos e  incluir el comportamiento de los padres y ayudarlos a cuestionarse que tanto sus taras y metas no logradas son trasladadas a los niños, cuestionar el excesivo uso de  estímulos y  premios por dejar el plato de comida «calato», por arreglar su cuarto o por sacar buenas notas,  preguntarse por qué  debemos usar frases como: “Hoy tenemos clases de”, “ Hemos aprobado el curso de ”, “Tenemos el cumple de”. Es claro que queremos apoyar y motivar  a nuestros hijos, pero existen límites entre apoyar y quitar responsabilidades que son de los niños y adolescentes. No luchemos las batallas y tomemos decisiones por ellos. Si el niño jaló el curso, no ingresó a la universidad o repitió el ciclo es su responsabilidad. Puedo ayudarlo, pero no debo pelear la batalla por él o ella.

SENTIMIENTO DE CULPA.

Es cierto, hoy los padres tienen que trabajar todo el día para poder dar una educación de “nivel” para los hijos, provocando un sentimiento de culpa, sintiéndose que no forman parte en el desarrollo de los menores. En el poco tiempo que tienen con sus hijos asumen una observación meticulosa y exagerada que puede llegar a niveles nocivos afectando la independencia, autoestima y falta de curiosidad, creciendo los menores con una sola forma correcta de hacer las cosas (la de los padres).

EN MI CASA MANDO YO. Los indicadores mundiales pasaron de familias extensas a 1.3 hijos por familia. En América del Sur ha disminuido en las ultimas 4 décadas hasta un promedio de 2.3 niños por familia.  Antes lo abuelos, tíos, padrinos participaban de la educación como una tribu, manada, un ayni donde todos colaboraban. Hoy la inspección y feeback está blindada, cualquier intromisión no es aceptada. El profesor tiene que dar inmensas excusas de porqué llamo la atención a los pequeños. Y si no estamos conformes con la respuesta, planteamos una interpelación y censura para el profesor y el colegio.

VIVA LA DEMOCRACIA, la familia es una organización, una empresa, con funciones, responsabilidades, líderes y subordinados y que esperan resultados en su convivencia. Y como toda organización, existen “jefes” y “empleados”, y no todo tiene que ser consultado, ni ser elegido democráticamente. A un niño de 4 años no le puedes preguntar:  ¿Qué quieres comer?, ¿Ya quieres dormir?, ni a un adolescente de 15 años tienes que darle 10 motivos del por qué no tiene permiso para ir a la fiesta.  La vida no funciona de esa forma, el mundo real y empresarial tampoco funciona de esa manera. Existe un divorcio entre las conductas aprendidas en casa y en la universidad y las que sirven o funcionan en las organizaciones.

 

BIENVENIDOS LOS “PRINCIPES Y PRINCESAS”

Entiendo que no importa la edad que tengas, cuando vayamos al médico siempre nuestra mamá hablara más que nosotros, pero en el mundo laboral nuestros padres no estarán en la entrevista, en la evaluación de desempeño o presentando nuestros proyectos. En tal sentido,  mientras más rápido interioricemos ese escenario empezaremos a construir puentes saludables entre los hogares, sociedad y empresas.

Las empresas tienen que adaptarse de cierta forma a una nueva generación que está llegando, todo será muy cambiante. Los niños que actualmente tienen 5 años trabajaran desempeñando funciones que hoy no existen.  Nosotros que nos encargamos de reclutarlos, formarlos e impulsar su carrera, entendemos los cambios y aceptamos el desafío con expectativa. El mercado laboral exigirá competencias nuevas, pero actualmente, encontramos muchas falencias debido a que durante su formación no desarrollaron la responsabilidad por elegir, actuar y ser responsables de sus decisiones, la capacidad de aceptar las críticas, decidir y abrazar las situaciones de ambigüedad, buscando constantemente la culpa fuera de su campo de acción o pateando el tablero si las cosas no son como las esperaba.

No soy Papá todavía y estoy abierto a todas las críticas, pero hablo desde la visión y experiencia de entrevistar más de 12 años y  todos las semanas a muchos jóvenes, no tan jóvenes y que son descalificados por competencias blandas, por ausencia de valores en su formación más que por temas técnicos. Las conversaciones más interesantes que tengo durante las entrevistas son aquellas que involucran a experiencias de jugar fulbito con mis papás, de aprender a cocinar con mis abuelos, los domingos de películas en familia, o viajes simples y divertidos que no son forzados, sin necesidad  de estar preguntándoles en cada momento a los pequeños: ¿te estas divirtiendo? O ¿deseas hacer esto?. Conversaciones donde había más pelotas, monopolios y mesas llenas de personas y menos televisión, celular y sesiones con psicólogos.

En el mundo empresarial les daremos la bienvenida a estos jóvenes para enseñarles cómo funciona el mundo REAL. ¿Están las empresas preparándose para ese desafío? . Humildemente,  creo que hay MUCHO camino por recorrer en los hogares y en las organizaciones.

 

 

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